miércoles, 14 de noviembre de 2007

DEPREDACIÓN

Depredación.
Instinto animal.
Te comería
para poseerte;
también
para destruirte.
Te mordería
hasta arrancarte
un trozo
de voluntad,
un pedazo
de alma
con que poder
saciar
mis ganas
- aunque insaciables-
de ti,
ésas
que ni siquera tú
eres capaz
de aplacar.
Depredación.
Instinto animal.
Comerte...
para poseerte;
comerte...
para destruirte...

jueves, 8 de noviembre de 2007

BUCEARSE

Se sentó en la escalera y, abrazándose las rodillas, cerró los ojos, intentándose imaginar a sí mismo por dentro. ¿Cómo conocer, cómo reconocer, pensó, algo tan complejo como el lugar que le correspondería en el mundo (ése que sólo le pertenecía a él, que le estaba destinado) si ni siquiera era capaz de conocerse, de reconocerse a sí mismo? Cayó en la cuenta de que el ser humano debería tener otro par de ojos que le permitieran verse por dentro y, al cabo de poco tiempo de estar en la misma postura, empezó a notar un cosquilleo por sus extremidades inferiores: el autoabrazo impedía que la sangre circulara libremente y sin obstáculos por la autopista venérea. Se imaginó por dentro con los ojos cerrados, intentando aislarse del mundo exterior, pero sólo lograba intuir sus propios huesos, sus músculos, sus nervios. Quizás debiera aislarse más. Se tapó los oídos, por intentar cortar más lazos con el mundo. Ahora el mundo ya no le interesaba, y mucho menos el lugar que se le había destinado en él. Se estaba buscando, pero aún no sabía que se iba a encontrar. Intentó no oler, no notar el tacto de nada, no degustar ni el sabor de su propia saliva. Intentó separarse de lo sensorial, abstraerse hacia dentro, hacia el origen del ser, para ver cómo era él realmente, cómo sentía, igual que si estuviese aún dentro del vientre de la madre que tanto añoraba. De repente, empezó a vivir, a vivirse. Fue entonces cuando olió el rojo de la sangre, vio la viscosidad de las vísceras, escuchó la elasticidad de los cartílagos, saboreó el calor de lo profundo, acarició sus propios latidos. Y fue entonces cuando sintió miedo al pensar que quizás nunca más regresaría al mundo que minutos antes tanto le angustiaba.

jueves, 25 de octubre de 2007

CHICO DURO

Por tu afán de demostrar que eres un chico duro, verte llorar se me hacía raro. La rabia mal contenida rebosaba por tu boca cuando repetías, irónico, las palabras que tu madre pronunciaba, disgustada, desde el otro lado del teléfono: "la vida está llena de sinsabores y hay que saber llevarlos", te decía. No quería que dejases el instituto, que echases todo por la borda otra vez. Y, mientras tú decías "sinsabores", las lágrimas, enormes como bolsas de agua redondas y transparentes, rodaban por tus mejillas casi sin tocarlas e iban a explotar a aquella mesa de despacho, justo al lado del teléfono. Te daba igual qué ibas a hacer a partir de entonces. "El perro, sí, ¡el perro!", le decías a tu madre, y las letras se agolpaban en la punta de tu lengua, empujadas por una rabia de origen desconocido. Decías, para el asombro de todos, que si era necesario te ganarías la vida robando, y acto seguido secabas el charquito de la mesa con la manga de tu chaqueta de chico duro. Y, por ese afán tuyo de demostrar (de demostrarte) que eres eso,un chico duro, verte llorar se me hacía raro.

Lamento profundamente que seas tú el único que no oye tus gritos de socorro. Lamento no haber sabido, no haber podido, ayudarte a descubrir lo maravilloso que es confiar en los demás, y que los demás confíen en ti. En clase te echaremos de menos.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Caligrama

Recuerdos,
....................hojas
.............que
....................................caen

del árbol
........de
.....................la
........................me
................mo
....................................ria

en el otoño
...................del
...........ol
.........................vi
................................do.

OTOÑO (autumn)

Otra vez el otoño. Por el aire, poemas que hablan de nosotros caen lentamente como hojas y se parten en los cantos de los bordillos de las aceras sin que nadie recoja los pedazos, las palabras que se secan y crujirán al ser pisadas por zapatos de niños que van al colegio (8:45h) con cara de fastidio. Tal vez uno de ellos, en su otoñal tarea de recolección de hojas para el mural de la clase, lleve también por despiste algún pedazo nuestro, y quizás nos encontremos (nos rencontremos) colgados en el corcho del fondo de un aula, clavados con chinchetas de colores... Pero sólo tal vez.
Nuestros recuerdos de ciudades descubiertas, de tardes revueltas y ausencias asumidas también se desprenden y caen, casi sin oponer resistencia (¿para qué, si así estaba escrito?). Y el viento, leve pero denso, provoca que los transeúntes se abrochen las chaquetas y se metan las manos en los bolsillos, encogiendo los hombros, mientras lo mezcla todo formando remolinos de melancolía exasperante que acaban siendo tornados de angustia existencial. Por el suelo, añicos de poemas rotos, astillas de recuerdos mutilados y las hojas; todo por el suelo, desordenado, removido por el viento...

lunes, 3 de septiembre de 2007

A SÍSIFO (y a Agus)

A ti, ¡oh, Sísifo incansable! yo te animo en tu eterna ascensión. Los dioses pretendieron castigarte alejándote de la cima cada vez que estuvieras casi a punto de tocarla con la punta de tus dedos, cargado con tu piedra, por siempre. Nada más lejos que un castigo. Quizá ellos no saben que el verdadero castigo hubiera sido llevarte a la meta sin hacer el camino previo; tal vez no contemplen la genialidad de la perseverancia de unos pasos eternos, lo maravilloso de la constancia del que anda por andar, a sabiendas de que quizá no llegue a ninguna parte. No te detengas, ¡oh, Sísifo!, nunca. Disfruta de tu viaje (la multitud de colores, la dureza de la roca, las horas de soledad, la música del río, el frescor de la hierba, el calor del sol, el canto de los pájaros, las formas de las nubes, los susurros del viento...). Disfruta, Sísifo, de tu viaje que es tu vida. Y, cuando creas estar a punto de llegar a la cima, justo en el aparentemente fatal momento en el que ruede la piedra cuesta abajo, pensarás que ir a buscarla no será volver a empezar, simplemente será continuar, seguir adelante. Bajarás corriendo tras ella, la alcanzarás, te detendrás unos instantes, exhausto, mirarás hacia arriba otra vez y volverás a caminar. Será entonces cuando descubrirás que la importancia de tu viaje (la multitud de colores, la dureza de la roca, las horas de soledad, la música del río, el frescor de la hierba, el calor del sol, el canto de los pájaros, las formas de las nubes, los susurros del viento...) va más allá de una meta; que la razón última de tu viaje es tu viaje mismo.

(Por eso, ¡oh, Sísifo incansable!, yo te animo en tu eterna ascensión.)



domingo, 2 de septiembre de 2007

EL VERANO TERMINA EN LA PROVENZA...

The end. Fin de las vacaciones; vuelta a la rutina estresante de los trenes, los calendarios y las lecturas obligatorias. Quizás mañana, cuando suene el despertador, me consuele pensar que éste ha sido uno de los mejores veranos de mi vida. ¿Lo más interesante que he hecho? Sin duda, vivir (la euforia, el llanto, la ilusión, la alegría, el desencanto, la desesperación, la risa, la incredulidad, los escalofríos, la pena, la espera...). La vida condensada en un verano. Una lata de vida en conserva para abrir a finales de junio como un apetecible aperitivo después de largos meses de letargo. ¿Un deseo? Llenar la despensa de esas latas de vida en conserva... poseer como la hormiga... disfrutar como la cigarra.